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2008/04/27

2008 Ejercicios de la Fraternidad

2007/03/28

Carta de Julián Carrón a los miembros del Movimiento Católico Comunión y Liberación despues de la Audiencia con el Papa.

Milán, 28 de marzo de 2007

Queridos amigos:

La magnitud del acontecimiento que hemos vivido el sábado 24 de marzo en la Plaza de San Pedro marcará para siempre nuestra historia. Sólo la identificación con lo que ha sucedido con el tiempo nos hará descubrir todo su alcance.

El pueblo que somos, consciente de su fragilidad y, a la vez, de la gran suerte que hemos tenido por la gracia recibida, ha acogido a Benedicto XVI y se ha dejado abrazar por él.

No encuentro mejor modo de expresar lo que ha ocurrido que estas palabras de don Giussani, que volvimos a escuchar el sábado pasado: «Si Dios se hiciese hombre y viniese a vivir entre nosotros, si viniese ahora, si se hubiese colado entre el gentío, si estuviese aquí entre nosotros, reconocerle, a priori lo digo, debería ser fácil… por una excepcionalidad incomparable». «Qué sobresalto del corazón reconocerle –comenta una de vosotros–, haber podido decir: “¡Eres Tú!”. Ayer, entre la muchedumbre, ¡Él se hizo presente otra vez! Con esa excepcionalidad inconfundible de la Belleza y la Verdad que se hacen carne».

Todos hemos sido testigos de lo que es capaz de hacer Cristo si nos dejamos atraer por Él. Su atractivo, en efecto, se ha demostrado vencedor una vez más. Pero toda esta belleza no habría bastado si cada uno de nosotros no hubiera estado dispuesto a dejarse arrastrar por ella hasta el reconocimiento de Cristo presente. Ha sido, de nuevo, su belleza, secundada con sencillez de corazón, lo que ha generado el pueblo que todos han visto en Roma. ¡Gracias, amigos, por el testimonio que me habéis dado! Os invito a fijaros en cómo ha estado el Papa entre nosotros y a retomar continuamente lo que nos dijo –prestando atención también a “cómo” nos lo dijo–.

Por mi parte, quiero subrayar tres puntos:

1) el reconocimiento del origen personal del carisma: «El Espíritu Santo suscitó en la Iglesia, a través de él [don Giussani], un movimiento, el vuestro, que testimoniara la belleza de ser cristianos en una época en la que iba difundiéndose la idea de que vivir el cristianismo es algo fatigoso y opresivo». Esto ocurrió en primer lugar en don Giussani, herido por el deseo de la Belleza. Su experiencia se ha convertido en método: «volver a proponer de modo fascinante... el acontecimiento cristiano»;

2) la confirmación de la permanencia del carisma en la experiencia del movimiento. «El acontecimiento que cambió la vida del Fundador ha “herido” también a muchísimos de sus hijos espirituales». Por ello, «Comunión y Liberación es una experiencia comunitaria de la fe... originada por un encuentro renovado con Cristo... [que] todavía hoy se sigue ofreciendo como una posibilidad de vivir de modo profundo y actualizado la fe cristiana». De esa continuidad da testimonio el cambio que obra en nosotros el mismo acontecimiento que cambió a don Giussani;

3) una renovada invitación a la misión: «“Id a todo el mundo a llevar la verdad, la belleza y la paz que se encuentran en Cristo Redentor”. Hoy yo os invito a seguir por este camino». Para responder a esta tarea el Santo Padre nos ha dado una preciosa indicación de método: esto sólo será posible «con una fe profunda, personalizada y firmemente arraigada en el Cuerpo vivo de Cristo que garantice la contemporaneidad de Jesús con nosotros». Nos invita así a seguir un camino educativo en el que madure una fe tan profunda y personalizada «en total fidelidad y comunión con el Sucesor de Pedro y con los Pastores» que nos lleve a estar en la realidad «con una espontaneidad y una libertad que permitan nuevas y proféticas obras apostólicas y misioneras». De esta manera podemos colaborar con nuestro carisma, junto a nuestros Pastores, «para hacer presente el misterio y la obra salvífica de Cristo en el mundo».

Pedimos todos juntos a la Virgen que nos haga dignos de esta tarea, sosteniéndonos recíprocamente en la súplica para que cada uno diga su “sí”, que será tanto más verdadero cuanto más conscientes seamos de nuestra desproporción.
Seguimos rezando por el Papa, testigo apasionado de Cristo ante nosotros.

Feliz Pascua de Resurrección.

Julián Carrón

2007/03/24

“Cristo no nos salva a pesar de nuestra humanidad sino a través de ella”

papa.jpgMensaje de Benedicto XVI a los miembros de Comunión y Liberación en la audiencia del 24 de marzo en la Plaza de San Pedro.

Queridos hermanos y hermanas:

Es para mí un inmenso placer acogeros aquí hoy, en esta Plaza de San Pedro, con ocasión del XXV aniversario del reconocimiento pontificio de la Fraternidad de Comunión y Liberación. A cada uno de vosotros envío un saludo cordial, en particular a los prelados, sacerdotes y responsable presentes. De modo especial saludo a Don Julián Carrón, presidente de vuestra Fraternidad, y le agradezco las bellas y profundas palabras que me ha dirigido en nombre de todos vosotros. Mi primer pensamiento va dirigido a vuestro fundador, monseñor Luigi Giussani, a quien me unen tantos recuerdos y que se convirtió para mí en un verdadero amigo. Nuestro último encuentro, como ha señalado monseñor Carrón, fue en la catedral de Milán, en febrero, hace ahora dos años, cuando el amado Juan Pablo II me envió para presidir su solemne funeral.

El Espíritu Santo ha suscitado en la Iglesia, a través de él, un movimiento, el vuestro, que testimonia la belleza de ser cristianos en una época en la que domina la idea de que vivir el cristianismo es algo fatigoso y opresor. Don Giussani se empeñó entonces en despertar en los jóvenes el amor a Cristo, “Camino, Verdad y Vida”, repitiendo que sólo Él es el camino hacia la realización de los deseos más profundos del corazón del hombre, y que Cristo no nos salva a pesar de nuestra humanidad, sino a través de ella. Como dije en la homilía de su funeral, este valiente sacerdote, criado en una casa pobre de pan pero rica en música –como a él mismo le gustaba decir-, desde el principio fue tocado, incluso herido, por el deseo de la belleza, pero no de cualquier belleza. Buscaba la Belleza misma, la Belleza infinita que encontró en Cristo.

¿Cómo no recordar los muchos encuentros de Don Giussani con mi venerado predecesor Juan Pablo II? En una conmemoración tan significativa para vosotros, el Papa quiere repetiros una vez mas que la intuición pedagógica original de Comunión y Liberación consiste en volver a proponer de modo fascinante y en sintonía con la cultura contemporánea, el acontecimiento cristiano, percibido como fuente de valores nuevos y capaz de orientar toda la existencia.

El acontecimiento, que cambió la vida del fundador, ha “herido” también a sus muchos hijos espirituales, y ha dado lugar a las múltiples experiencias religiosas y eclesiales que forman la historia de vuestra vasta y articulada familia espiritual. Comunión y Liberación es una experiencia comunitaria de la fe, nacida en la Iglesia, no de una voluntad organizativa de la Jerarquía sino de un encuentro renovado con Cristo, y por eso podemos decir que es originada por un impulso que deriva en último término del Espíritu Santo. Hoy se ofrece como una posibilidad de vivir de modo profundo y actualizado la fe cristiana, por una parte con una total fidelidad y comunión con el Sucesor de Pedro y con los pastores que aseguran el gobierno de la Iglesia; y por otra con una espontaneidad y una libertad que generan nuevas y proféticas obras apostólicas y misioneras.

Queridos amigos, vuestro movimiento se inserta así en el amplio abanico de asociaciones, movimientos y nuevas realidades eclesiales suscitadas providencialmente por el Espíritu Santo en la Iglesia tras el Concilio Vaticano II. Todo don del Espíritu se encuentra originaria y necesariamente al servicio de la edificación del Cuerpo de Cristo, dando testimonio de la inmensa caridad de Dios por la vida de cada hombre.

La realidad de los movimientos eclesiales, por tanto, es signo de la fecundidad del Espíritu del Señor, porque ponen de manifiesto en el mundo la victoria de Cristo resucitado y comparten el mandato misionero confiado a toda la Iglesia. En el mensaje del Congreso mundial de los Movimientos eclesiales, el 27 de mayo de 1998, el Siervo de Dios Juan Pablo II concluyó repitiendo que, en la Iglesia, no hay contraposición entre la dimensión institucional y la carismática, de la cual los movimientos son una expresión significativa, porque ambas son esenciales en la constitución divina del Pueblo de Dios. En la Iglesia, también las instituciones esenciales son carismáticas y, por otra parte, los carismas deben, de un modo u otro, institucionalizarse para tener coherencia y continuidad. Así, ambas dimensiones, originadas por el mismo Espíritu Santo para construir el mismo Cuerpo de Cristo, caminan juntas para hacer presente el misterio y la obra salvífica de Cristo en el mundo.

Esto explica la atención con la que el Papa y los pastores miran la riqueza de los dones carismáticos en la época contemporánea. Con este propósito, durante un reciente encuentro con el clero y los párrocos de Roma, retomando la invitación de San Pablo en la Primera Carta a los Tesalonicenses a no apagar los carismas, les dije que si el Señor nos da nuevos dones debemos estar agradecidos, aunque alguna vez nos resulten incómodos. Al mismo tiempo, como la Iglesia es una, si los movimientos son realmente dones del Espíritu Santo, deben insertarse en la comunidad eclesial y servirla de tal modo que, en el diálogo paciente con los pastores, puedan constituir elementos edificantes para la Iglesia de hoy y de mañana.

Queridos hermanos y hermanas, el recordado Juan Pablo II, en otra ocasión para vosotros muy significativa, os confió este encargo: “Id a todo el mundo a llevar la verdad, la belleza y la paz que se encuentran en Cristo Redentor”. Don Giussani hizo de aquellas palabras el programa de todo el movimiento y para Comunión y Liberación fue el comienzo de un periodo misionero que os ha llevado a 80 países. Hoy yo os invito a seguir por este camino, con una fe profunda, personalizada y firmemente radicada en el Cuerpo vivo de Cristo, la Iglesia, que garantice la contemporaneidad de Jesús.

Terminamos este encuentro dirigiendo nuestro pensamiento a la Virgen con el rezo del Angelus. Hacia ella don Giussani alimentó una gran devoción, nutrida por la invocación Veni Sancte Spiritus, veni per Mariam y por la recitación del Himno a la Virgen de Dante, que habéis repetido esta mañana. Que la Virgen Santa os acompañe y os ayude a pronunciar generosamente vuestro “sí” a la voluntad de Dios en toda circunstancia. Podéis contar, queridos amigos, con mi oración, mientras con afecto os bendigo a los aquí presentes y a toda vuestra familia espiritual.

Saludo al Santo Padre Benedicto XVI de Julián Carrón

Audiencia con Su Santidad Benedicto XVI con ocasión del XXV aniversario del reconocimiento pontificio de la Fraternidad de Comunión y Liberación. Sábado 24 de marzo de 2007. Roma, Plaza de San Pedro

Saludo al Santo Padre Benedicto XVI de Julián Carrón
presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación
Santidad:

Una alegría inmensa: éste es el sentimiento que nos invade, a cada uno de nosotros; estamos contentísimos de poder encontrarnos con usted y compartir juntos este momento. Consiéntame que le dé las gracias de todo corazón en nombre de mis amigos por este don impagable.

Todavía sigue muy vivo en nuestra memoria el recuerdo de la última vez que nos encontramos con ocasión del funeral de don Giussani. Nunca podremos olvidar su conmovedora disponibilidad a venir a celebrarlo ni sus palabras llenas de afecto hacia él y de comprensión profunda de su persona. ¡Cuántas veces, desde entonces, nos hemos sorprendido hablando de don Giussani con las palabras que usted, Santidad, nos dirigió ese día para describir su personalidad: un hombre herido por la belleza, que no guiaba a las personas hacia sí mismo, sino hacia Cristo, y de este modo conquistaba los corazones!

De su testimonio incansable, hemos aprendido lo que usted no se cansa de repetir a todo el mundo desde que subió al Solio Pontificio: la belleza del cristianismo. Estamos fascinados por la belleza de Cristo, que la intensidad contagiosa de don Giussani hizo persuasiva para nosotros, hasta tal punto que cada uno de nosotros puede repetir con Jacopone da Todi: «Cristo me atrae por entero, ¡tal es su hermosura!». Esta belleza del cristianismo la hemos descubierto sin olvidar nada de lo auténticamente humano. Es más, para nosotros vivir la fe en Cristo coincide con la exaltación de lo humano. Todo el esfuerzo educativo de don Giussani ha consistido en mostrar la correspondencia de Cristo a todas las exigencias humanas auténticas. Él estaba convencido de que solamente una propuesta dirigida a la razón y a la libertad, y que cada uno pudiera verificar en su experiencia, podría interesar al hombre, porque es la única que puede hacer percibir su verdad, es decir, su conveniencia humana. De este modo mostró que es posible vivir la fe como hombres, usando plenamente la razón, la libertad y el afecto. Nosotros queremos seguir sus huellas.

Frente a tanta gracia es imposible no estremecerse por toda nuestra desproporción. Por este motivo hemos releído a menudo, especialmente en estos días de preparación al encuentro con usted, las palabras que don Giussani nos dirigió en 1984 con ocasión del trigésimo aniversario del nacimiento del movimiento:

«A medida que vamos madurando, nos convertimos en espectáculo para nosotros mismos y, Dios lo quiera, también para los demás. Espectáculo de límite y de traición, y por eso de humillación y, al mismo tiempo, de seguridad inagotable en la gracia que nos es dada y renovada todas las mañanas. De aquí procede ese atrevimiento ingenuo que nos caracteriza, que hace que concibamos cada jornada de nuestra vida como una ofrenda a Dios, para que la Iglesia exista en nuestros cuerpos y en nuestras almas, a través de la materialidad de nuestra existencia».

Conscientes de nuestra nada, pedimos cada día poder decir “sí” a la gracia que nos es dada para que podamos dar testimonio de ella a todos nuestros hermanos sin pretensiones, pero sin miedo. Estamos seguros de que, en este momento de confusión que el mundo está viviendo, el corazón del hombre, aunque esté herido, sigue siendo capaz de reconocer la verdad y la belleza, si las encuentra en el camino de la vida. Deseamos vivir la novedad que nos ha acontecido en todas las situaciones y en los ambientes donde transcurre nuestra existencia, confiando en poder dar testimonio en nuestra pequeñez de toda la belleza que ha invadido nuestra vida, para que otros puedan encontrarla.

De este modo, esperamos que se cumpla en nosotros lo que desde siempre fue el método de Dios para llegar a ser compañero de camino para todo hombre: dar la gracia a uno, para poder llegar a todos a través de él. Como la dio a don Giussani para que llegase a nosotros, igualmente nos la ha dado a nosotros para poder llegar a otros. Esto es lo que puede hacer posible el encuentro que es el origen de la fe cristiana, como usted, Santidad, nos ha recordado en su encíclica Deus caritas est: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.» (n. 1).

Por eso, en estos años, hemos intentado tomar en serio la llamada a la misión que el Siervo de Dios Juan Pablo II nos hizo con ocasión del trigésimo aniversario del movimiento: «Id a todo el mundo a llevar la verdad, la belleza y la paz que se encuentran en Cristo Redentor» (29 de septiembre de 1984). La difusión del carisma y el crecimiento de las comunidades del movimiento en todo el mundo muestran la misericordia de Dios, que ha querido que nuestro compromiso diera fruto. Viajando por el mundo he visto que un cristianismo vivido así, en sus elementos esenciales, puede encontrar gran aceptación en el corazón del hombre, más allá de toda cultura o religión.

Nuestro deseo es el que siempre movió el corazón de don Giussani: que en todo y por todo la fuerza persuasiva del movimiento sea «instrumento de la misión del único Pueblo de Dios» (Testimonio de don Luigi Giussani durante el encuentro del Santo Padre Juan Pablo II con los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades. Plaza de San Pedro, Roma, 30 de mayo de 1998, n. 2); es decir, que el atractivo del carisma que hemos encontrado sea para el bien de la Santa Iglesia extendida en todo el mundo y presente en cada Iglesia particular.

Por esta razón hemos pedido un encuentro con usted, Santidad. Como usted sabe, la historia de nuestro movimiento siempre ha estado marcada por esta estrecha relación con la Sede Apostólica. Desde el principio don Giussani intentó vivir la gracia que había recibido en plena comunión con el sucesor de Pedro, el único que puede asegurar la autenticidad de cualquier camino: desde Pablo VI a Juan Pablo II. Nosotros somos testigos de la gratitud inmensa de don Giussani cuando Juan Pablo II reconoció la Fraternidad de Comunión y Liberación. Y tenemos grabado en nuestros ojos como expresó su total devoción delante de todos arrodillándose a los pies del Papa el 30 de mayo de 1998.

Con la misma devoción, hoy, acudimos al encuentro con usted en el 25 aniversario del reconocimiento pontificio de la Fraternidad y a dos años de la muerte de don Giussani, plenamente conscientes del valor del sucesor de Pedro para nuestra fe. Sin su testimonio, asegurado por el poder del Espíritu, el cristianismo decaería en una de las muchas variantes ideológicas que dominan el mundo.

Estamos aquí, Santo Padre, deseosos de escuchar tanto sus indicaciones como las correcciones que quiera hacernos para el camino que tenemos delante, convencidos de que, siguiéndole, el don del carisma que nos ha fascinado podrá ser útil para toda la Iglesia y para el mundo. Meditaremos sus palabras y, estoy seguro de que hablo en nombre de cada uno de mis amigos, nos comprometemos a vivirlas con todas nuestras capacidades, con la certeza de la compañía apasionada de don Giussani a nuestra vida.

Julián Carrón

2005/11/10

Carron @ LaRazon de España

Religión (image placeholder)
Julián Carrón: «Ningún poder del mundo podrá derrotar jamás al cristianismo»

«Quizá los ataques que recibe la Iglesia se deban al nerviosismo de algunos que le daban por muerto»
Álvaro de Juana/Álex Rosal
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Julián Carrón es el responsable del movimiento Comunión y Liberación
Madrid- Julián Carrón es el sucesor de Luigi Giusanni, fundador del movimiento Comunión y Liberación; una de las realidades eclesiales con mayor presencia en la Iglesia católica.

  • ¿Cuál cree que fue la mayor aportación que realizó monseñor Giusanni a la vida de la Iglesia?

  • Su mayor aportación fue la claridad con la que indicó la naturaleza propia del cristianismo ya en un momento en que nada hacía presagiar lo que ahora tenemos delante. Cuando empezó en un instituto de bachillerato en Milán en 1954 se dio cuenta de que ya el cristianismo no conseguía generar una mentalidad nueva en muchos cristianos. Aunque seguían participando en la vida de la Iglesia, su forma de pensar estaba ya influenciada por la mentalidad dominante. Hoy lo comprendemos mejor porque nos resulta difícil identificar un cristiano por su mentalidad. Don Giussani propuso el cristianismo como un acontecimiento que tiene lugar en un encuentro que es el inicio de un camino en el que uno comprueba la novedad de vida que el cristianismo introduce. Su genialidad ha consistido en haber propuesto un método educativo que ha generado un pueblo.


  • ¿Le da vértigo ser el sucesor del fundador de Comunión y Liberación y estar al frente de un movimiento tan vigoroso y pujante?

  • El movimiento lo genera continuamente Cristo por el don de su Espíritu. Es Él quien fascina la vida de los que le encuentran. A mí lo único que me preocupa es estar sin reservas ante el acontecimiento de Cristo y tener la sencillez de corazón de decir «sí». Si con este «sí» el Señor quiere hacer algo, bienvenido sea. Yo no pretendo emular la genialidad única de don Giussani; me conformo con ser su hijo, tratando de vivir el cristianismo como lo he visto en él.


  • Para todos– ¿Cómo se plantea desde C y L la «Nueva Evangelización» propuesta por Juan Pablo II ante esta sociedad cada vez más secularizada?

  • Concebimos la nueva evangelización como el testimonio de la belleza del cristianismo que hemos encontrado. Todos nuestros gestos, desde los pequeños y cotidianos a los grandes como el Meeting de Rímini, que reúne cerca de un millón de personas, no tienen otro objetivo que dar testimonio de Cristo, de la vida nueva que nace de la relación con Él. El cristianismo es fácil, es para todos, basta ceder al atractivo de su belleza cuando uno lo encuentra. Por eso, no tienen nada que hacer quienes lo combaten. Se puede derrotar un cristianismo reducido a ética, pero no un cristianismo que sucede como un acontecimiento que apasiona por su belleza. Ningún poder de este mundo podrá evitar que el cristianismo resurja siempre por su belleza totalmente correspondiente al deseo del corazón humano.


  • Benedicto XVI comentó que el objetivo de la Jornada Mundial de la Juventud era «mostrar a los jóvenes lo bonito que es ser cristianos, ya que existe la idea difundida de que los cristianos deben observar un inmenso número de mandamientos, prohibiciones, principios, etcétera, y que por lo tanto el cristianismo es, según esta idea, algo que cansa y oprime la vida y que se es más libre sin todos estos lastres». ¿Considera que hay un exceso de moralismo en la predicación de las últimas décadas?

  • Si el mismo Papa sostiene que reducir el cristianismo a un conjunto de preceptos es una idea difundida, algo tendrá que ver el modo con el que es presentado en muchas ocasiones el cristianismo. Benedicto XVI no ha sido el primero. Juan Pablo I lo expresó con mucha agudeza al decir: «Hemos cambiado el asombro del Evangelio por las reglas».


  • ¿Qué elementos debería tener una auténtica transmisión de la fe cristiana?

  • Un encuentro con un hombre que suscita una novedad por la fuerza de sus palabras, por la intensidad de la experiencia que tiene de la vida, por el atractivo que ejerce en quien la encuentra. Esta experiencia de encontrar una persona excepcional fue la que llevó a los que encontraron a Jesús a decir: «Nunca hemos visto una cosa igual». Este encuentro despierta una curiosidad especial, porque uno percibe que en esa persona se cumple la vida que uno desea vivir y no sabe cómo llegar a ella. Uno tiene ante ella el presentimiento de la verdad. El cristianismo se propone al hombre como respuesta gratuita a su exigencia de encontrar una razón para vivir, una respuesta a las exigencias originales de su corazón. Jesús lo resume diciendo que el que le siga recibirá el ciento por uno, es decir, disfrutará de la vida cien veces más, será capaz de una intensidad en las relaciones cien veces mayor, experimentará un gusto del vivir cien veces más grande. En una auténtica experiencia cristiana, todo se multiplica infinitamente.


  • ¿No cree que hay un peligro en la vivencia de nuestro cristianismo de volver a repetir la herejía pelagiana de los primeros siglos al no dejar espacio para la Gracia?

  • Peligros siempre existen en una realidad como el cristianismo que vive en la Historia y es susceptible a los influjos más variados: pelagianismo, espiritualismo, etcétera. Se puede subrayar tanto un aspecto del hecho cristiano más en consonancia con la mentalidad dominante o con la propia sensibilidad, que otros aspectos que quedan en el olvido. A veces sin negarlos explícitamente, tienen tan poco espacio en la vida cristiana que acaban casi por desaparecer en la práctica. La reducción del cristianismo a ética es una tentación hoy bastante frecuente, en su versión moderna de reducción del cristianismo a la coherencia con un conjunto de valores, dictados por la mentalidad dominante.


  • ¿Cuál es la misión de las realidades eclesiales de la Iglesia católica?

  • Su misión es la de dar testimonio en medio de los hombres de esta belleza. Llevarlo allí donde vive la gente: el trabajo, la familia, las relaciones, el tiempo libre. Veo constantemente gente lejana de la experiencia cristiana que ha vuelto a interesarse por el cristianismo cuando lo encuentra encarnado en una realidad viva. No estamos hechos para la nada, sólo esperamos encontrar algo interesante para que nuestro corazón salte de alegría dentro de nosotros. Pese a todos los ataques que sufre, el cristianismo interesa más que nunca. Quizá los ataques que recibe se deban al nerviosismo que genera en algunos que ya daban por muerto el cristianismo.

2005/11/09

La Vanguardia-2005.11.07 Julian Carron

ENTREVISTA a Julián Carrón, sacerdote y presidente del movimiento eclesial Comunión y Liberación
"España necesita diálogo entre política y religión"
Roma. Corresponsal MARÍA-PAZ LÓPEZ -  07/11/2005
Hace ocho meses que un sacerdote español, Julián Carrón Pérez, lidera desde Italia la Fraternidad de Comunión y Liberación (CL), movimiento eclesial fundado carismático sacerdote Luigi Giussani el pasado febrero en Milán. Julián Carrón, de 55 años, doctor en Teología, ha sido uno de los padres sinodales designados por Benedicto XVI para el sínodo sobre la eucaristía celebrado en el Vaticano del 2 al 23 de octubre. Comunión y Liberación - un movimiento de cariz educativo, presente en 70 países, entre ellos España con unos 3.000 fieles- organiza cada año en Rímini (costa nordeste de Italia) el Meeting de Rímini, un encuentro de debate con políticos, intelectuales, y otros profesionales.
¿Tiene pensado Comunión y Liberación exportar a España el Meeting de Rímini?
De momento, no es posible. El Meeting no es sólo un escaparate; es un gesto de todo un movimiento, para el que van a Rímini dos mil voluntarios pagándose la estancia, más los que trabajan en él habitualmente. Es un ejemplo de cómo vivir el cristianismo hoy de modo no vergonzante, no en las catacumbas, no sólo en la vida privada, sino poniéndose sin miedo delante de todos, a debatir con todos. Porque invitamos al Meeting a personas de todos los ámbitos e ideologías: políticos, sindicalistas, banqueros, gente de izquierdas, gente de derechas, gente de las ONG, de distintas realidades eclesiales, de Acción Católica, de otros movimientos... Es la ocasión de ver qué nace de una educación cristiana como la que hemos recibido, y de estar presentes en la realidad, con toda razón y libertad. A un nivel más reducido, en España hacemos el Encuentro Madrid, que es un fin de semana.
- Quizá a España le conviene un foro de diálogo organizado entre política y religión, dos ámbitos que han estado muy enfrentados.
Estoy de acuerdo. En Italia se sorprenden de ese nivel de enfrentamiento, porque aquí el debate político a todo campo es muy rico y variado. Con todo, incluso aquí, donde existe un gran tensión entre izquierdas y derechas, se sorprenden de que exista un lugar como el Meeting de Rímini. En Comunión y Liberación, por la educación recibida, por el hecho de haber nacido dialogando, se nos da bien hablar con todos, incluidas las otras religiones.Tenemos fama de tener una identidad clara, y hay quien cree que eso es un obstáculo, pero es lo que nos ayuda; tenemos relaciones estupendas con judíos y musulmanes. El año pasado invitamos al Meeting al subdirector de Al Jezira... Se trata de reconocer la parte de verdad y belleza que hay en toda persona, sea cual sea su credo o posición ideológica. Y con un debate tranquilo, sin enfadarse. En la medida en que crezcamos, queremos llevarlo a España, que necesita más diálogo entre política y religión. Pero ahora aún es muy difícil organizar dos gestos del calibre del Meeting dentro de un mismo movimiento.
- Durante el sínodo, ¿le pareció que los obispo esperaban alguna contribución especial de los movimientos respecto de la eucaristía?
- Los obispos esperan que los movimientos aporten su capacidad educativa, porque es lo que sienten más necesario; para la recepción de la eucaristíca se precisa la fe, la educación en la fe. La eucaristía es la culminación de la vida cristiana, y los movimientos, como otras instancias eclesiales, pueden aportar mucho en el surgimiento y en la maduración de la fe.
- ¿Y qué aporta Comunión y Liberación?
- Luigi Giussani recuperó del cristianismo la palabra "acontecimiento"; el cristianismo no es sólo la repetición verbal de un mensaje, sino el testimonio de la persona cambiada. Yo siempre digo que el cristianismo se comunica por envidia; porque uno ve en el otro realizado lo que a uno le gustaría que su propia humanidad fuera. No se trata de una repetición ortodoxa de un discurso limpio y correcto; eso no genera un cristiano. Es la misma diferencia que hay entre leer un libro sobre el amor y enamorarse. Y esto es muy importante en la transmisión de la fe, porque habíamos creído que bastaba una catequesis correcta, y sólo eso no ha sido suficiente. En tantas ocasiones vemos cómo en los países de tradición cristiana la fe se ha transmitido mal. -
¿Cómo proponen hacerlo, entonces?
- Lo decía don Giussani, y yo lo he visto en mis años de profesor. Lo apasionante es proponer el cristianismo no como algo que el creyente debe hacer,sino como un reto a la razón; no como una moral en primer lugar, sino como una respuesta a las exigencias del corazón, respuesta que tiene la pretensión de ser verdadera. Yo veía en clase que la gente que más se interesaba por esto no era la que no tenía nada que hacer, o la que era buenecita, muy piadosa... A los que más llamaba era a los inteligentes, a los más vivos, porque veían más retada su propia humanidad.

Carrón @ XI Asamblea del Sinodo de Obispos

XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispo sobre el tema La Eucaristía: fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia.

Intervención de Julián Carrón
Presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación y Padre Sinodal

Roma, Aula del Sínodo, 11 octubre 2005


La Eucaristía, el método de Dios con su criatura

Beatísimo Padre,
Venerables Padres,
Hermanos y hermanas:
bien consciente de mi desproporción respecto al gesto que estamos viviendo, me atrevo a ofrecer algunas reflexiones a partir de la parte IV del Instrumentum Laboris: "Eucaristía en la misión de la Iglesia", especialmente el nº. 78.
La situación del hombre contemporáneo está plagada de complicaciones, pero nada consigue arrancar la espera del corazón. Es la naturaleza misma del hombre la que lo impulsa a esperar. Al mismo tiempo, la dificultad para encontrar una respuesta en no pocas ocasiones le hace dudar de la posibilidad de un destino positivo.
El hombre de hoy tomará en serio la propuesta cristiana, si la percibe como respuesta significativa al grito de su necesidad humana. Por ello el desafío que tenemos que afrontar en el anuncio consiste en vivir el contenido de la fe, de tal modo que muestre la relevancia antropológica, es decir su sobreabundante correspondencia a las exigencias originales del corazón.
1. «Tanto amó Dios al mundo que envió su Hijo único para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). El culmen de esta gratuita iniciativa del Padre lo constituye la muerte y la resurrección de Cristo, expresión última de ese amor, a través del cual Cristo reconcilió definitivamente a los hombres con Dios, haciendo posible la verdadera comunión con Él.
Al invitar a los discípulos a realizar el gesto eucarístico en memoria suya, Jesucristo hace posible para cada hombre «una misteriosa contemporaneidad» de su Presencia en cada momento histórico (Ecclesia de Eucharistia 5; Veritatis Splendor 25). A través de la acción eucarística, que hace presente su amor sin límites, Cristo mismo nos apremia «a no vivir ya para nosotros mismos sino para aquel que murió y resucitó por nosotros» (2Cor 5,14-15).
El hombre que acoge con fe el don del Cuerpo y la Sangre del Señor participa de aquella novedad que Cristo ha introducido para siempre en la historia y entra en aquella comunión que Él vive con su Padre en el Espíritu. Así pudo decir el apóstol: «El que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo» (2Cor 5,17). Esta realidad se experimenta como una unidad nueva, de otro modo inconcebible e irrealizable, que supera todas las divisiones que enfrentan a los hombres: «ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gál 3,28).
2. «La Eucaristía –ha dicho don Giussani, fundador de Comunión y Liberación- es la suprema confirmación del método que Dios ha establecido con su criatura: hacerse presente dentro de un signo visible e tangible, y por ello experimentable». Es un acontecimiento dentro de la historia: Jesús mismo es la manifestación suprema de esta modalidad con la que Dios no abandona a su criatura sino que se compadece de ella, haciendo de la humanidad de Cristo el signo eficaz de Su presencia real. El Señor ha querido hacer de la Eucaristía el sacramento de la unidad de los cristianos en Él y con Él, convirtiéndolos en testigos, en signo e instrumento del designio salvador de Dios (Lumen Gentium 1, 48). En efecto, la Eucaristía es un modo de ser que pasa de Jesús al cristiano –el bautizado– y, por su testimonio, tiende a irradiarse en la sociedad y en la cultura (Cfr. Mane nobiscum Domine 25-26). Según su naturaleza sacramental la Iglesia incide en la historia porque suscita y educa personas que se dejan implicar en la novedad de vida de Cristo y por ello la pueden comunicar a sus hermanos los hombres. De esta manera, a través de la vida cambiada de aquellos que pertenecen a Cristo, Dios sigue interpelando la libertad de los hombres en cualquier lugar y circunstancia (trabajo, familia y amistades, tiempo libre).
3. Sólo la Presencia única del Señor puede conmover a la persona en toda la profundidad de la espera de su corazón. Por esto, ante el desafío de nuestro tiempo, resulta indispensable el sacramento de la Eucaristía en toda la eficacia de sus frutos de verdadera comunión y de humanidad nueva. Nosotros vemos asombrados esa eficacia en los palafitos y favelas de Brasil, entre los universitarios del Kazakistán, los enfermos del Sida en Uganda o en las grandes metrópolis de Estados Unidos. Todos necesitamos hoy la presencia de aquellos testigos que viven verdaderamente en esta comunión que el Señor nos otorga sacramentalmente, la comunión de aquellos «designados, según la Providencia de Dios, para continuar, a su vez, la sucesión de sus testigos» (Newman). Así, al encontrarlos, reconoceremos con asombro y gratitud que la presencia de Cristo está en ellos y glorificaremos a Dios por la persona de su Hijo (Gál 1,24) y por el don de la eucaristía. Nosotros mismos, por esta dinámica sacramental, nos iremos transformando según la Imagen gloriosa que atrae nuestra mirada (2Cor 3,18). Podremos así, a través de toda nuestra existencia, dejar resplandecer la luz de Cristo, para que los hombres y las mujeres de nuestros días encuentren motivos de creer y de esperar que se cumplirán las promesas inscritas en lo profundo de sus corazones, manifestadas y realizadas plenamente en la entrega eucarística de Cristo.
Muchas gracias.